Historias de telenovela

Historias de telenovela

El creador de Nada Personal y Mirada de Mujer, las telenovelas que reinventaron el género en México navega por mundos contrastantes: un antiguo corresponsal de guerra aliado a la izquierda más dogmática, intermediario del conflicto zapatista y al mismo tiempo socio de Carlos Slim y Ricardo Salinas, los dos hombres más ricos de México. Él dice que se puede.
En la sala de una productora de televisión, un grupo de intelectuales estaban reunidos para ver en pantalla al hombre que se convertiría en el mexicano más famoso de esa década, un encapuchado que se hacía llamar el subcomandante Marcos. En un cuartito aledaño, se editaba la primera entrevista extensa que Marcos había dado a algún medio. El teléfono sonó. Uno de los anfitriones tomó la llamada y regresó con la noticia: Ricardo Salinas Pliego, el dueño de TV Azteca cambiaba de opinión. La entrevista del movimiento insurgente no iba a salir al aire por el canal que acababa de ser comprado al gobierno priísta porque TV Azteca no le daba espacio en su programación a unos rebeldes encapuchados.

Epigmenio Ibarra y sus socios, el venezolano Hernán Vera y el entonces director del diario La Jornada, Carlos Payán, tenían oro en las manos, pero no podían trasmitir la entrevista en la que Marcos platica con Epigmenio y expone detalladamente las exigencias del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (ezln). La fotografía, a veces a color, otras en blanco y negro, le daban al guerrillero un aire casi poético y un aura de salvador que luego lo volvió un icono.

Epigmenio había grabado esa primera entrevista en un lugar remoto, al cual llegó con unas cuantas personas y los ojos vendados. Vio a Marcos con su capucha, a la comandante Ramona y a otros insurgentes; los entrevistó y grabó gracias a su pasado siempre cercano a las izquierdas, y tenía la posibilidad de mostrar esas imágenes en televisión abierta debido a sus relaciones con los mismos poderes que Marcos retaba.

Salinas Pliego era, al mismo tiempo, el verdugo que dejaba a Epigmenio sin un espacio para mostrar su hazaña y logro periodístico —y personal—, y su jefe. No mucho tiempo antes, cuando Epigmenio le había hecho una propuesta a Salinas Pliego para hacer los noticieros de TV Azteca, la respuesta había sido: “¿Ustedes creen que soy pendejo? Si somos enemigos ideológicos”.

Pero fue el mismo Salinas el que más tarde lanzó a Epigmenio Ibarra a la fama permitiéndole hacer telenovelas con las que cambiaría la historia de la televisión mexicana.


***


Epigmenio Ibarra es el primer hombre que se atrevió a empezar una telenovela con la frase: “Cuando digo cocaína es cocaína”; el primero que mató a un personaje de Sida; el primero que hizo una telecomedia con tintes policiacos y políticos; el único que osó tener una protagonista de 50 años. El que hizo que ese género, producto de exportación, dejara de ser una vergüenza para los mexicanos estudiados y de clase media, y hasta los hizo sentarse frente al televisor todas las noches para seguir las historias de un policía apodado Águila Real o de una mujer de clase alta con un amante 20 años más joven.

Ese 1994 fue un parteaguas en su vida, en la de las telenovelas y en la historia de México. El país había despertado el 1 de enero con el anuncio de un movimiento insurgente indigenista en Chiapas, dirigido por un mestizo con pasamontañas que hizo que los mexicanos, especialmente del norte y el centro del país, por primera vez pusieran atención a la población indígena olvidada por más de 60 años de régimen priísta. Era el último año del sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari, el que había vendido la compañía de teléfonos Telmex a Carlos Slim y la cadena Imevisión, que después sería TV Azteca, a Ricardo Salinas Pliego, ahora los dos hombres más ricos de México y, depende como se le vea, socios, patrones o facilitadores de Epigmenio.

Hizo comerciales para Telmex y luego se asoció con Grupo Carso. Ayudó a crear el imperio televisivo de Salinas Pliego, innovó en el mundo de internet, hizo telenovelas para Telemundo, se peleó y reconcilió con TV Azteca, llevó a su compañía a la quiebra y luego la levantó, hizo cine y al mismo tiempo fue intermediario entre el gobierno y el ezln, fue aprehendido por su relación con Marcos, hizo campañas para candidatos de izquierda, y documentales de Andrés Manuel López Obrador y de las muertes de Acteal. Cada vez que su estrella se desvanece, vuelve a despuntar; cuando parece que ya dejó atrás su pasado con la izquierda, aparece su nombre en alguna carta a los líderes de ésta o presenta un documental con tintes activistas; cuando da la impresión que cayó en la fórmula, dejó de hacer telenovelas inteligentes y está fracasando en el medio que regeneró, vuelve a innovar con una serie de televisión para todo el continente con la historia de una cárcel de mujeres llamada Capadocia


***


En enero de 1992 en la firma de los Acuerdos de Paz de El Salvador en México, había dos cámaras, la del gobierno y la de Epigmenio. Después de la firma Javier Pérez de Cuéllar, secretario general de la onu dijo: ¿Y ahora qué hacemos con Epigmenio? Lo mandamos a Sarajevo, le respondió Álvaro de Soto, el secretario adjunto. Como él dice, se había convertido en parte de la decoración de Centroamérica después de 12 años de vivir allá.

Aprendió el arte de la producción cinematográfica haciendo cortometrajes para televisión educativa en los estudios Churubusco con directores como Arturo Ripstein en los años setenta, y algo de periodismo como subdirector de producción educativa en Radio Educación. “Viví los sucesivos desastres del Estado, cada vez que hacíamos algo importante nos corrían”, recuerda. En Radio Educación hizo la primera entrevista al Frente Sandinista de Liberación Nacional. Había conocido a Omar Torrijos, el mandatario panameño, quien le ofreció presentarle a los sandinistas cuando Epigmenio no sabía ni qué era el sandinismo.

Casi al inicio del conflicto salvadoreño, Epigmenio dejó todo en México y se fue a filmar la guerra como periodista independiente con sólo una cámara y una carta de Canal 11. Tenía un compromiso militante. “Yo estaba en la línea de que eso había que contarlo desde otra óptica, desde la nuestra; todo empezó como un proceso de narración solidaria y terminó siendo periodismo de otros vuelos”, cuenta.

La comandante María del Ejército Revolucionario del Pueblo, conoció a Epigmenio recién llegado a Centroamérica. “Había dejado hasta su luna de miel para venir. Lo más extraordinario es que no siendo periodista, fue el mejor periodista del conflicto centroamericano”, dice la antigua guerrillera de nombre Ana Guadalupe Martínez, que ahora es miembro del Partido Demócrata Cristiano. Epigmenio se relacionó con militares y miembros de Frente Farabundo Martí, recorrió el país reportando el conflicto y vendiendo sus historias a quien se dejara, desde periódicos mexicanos hasta televisoras estadounidenses. Aunque había quienes llegaban más rápido al lugar del conflicto, él llegaba más lejos y más profundo. Su trabajo empezó a cobrar reconocimiento, pero siguió viviendo como un corresponsal de guerra más, con poco dinero, viajando entre Nicaragua y El Salvador, haciendo dos o tres visitas a México al año para conseguir recursos y visitar a su primera esposa y sus dos hijas que nacieron durante la guerra.

Hay quienes dicen que, en algún momento durante el conflicto en El Salvador, Epigmenio empezó a operar como inteligencia de la guerrilla, como reemplazo del que después sería su socio en Argos, Hernán Vera, a quien el frente tuvo que mandar a la sierra cuando quemaron la casa de seguridad donde vivía. Epigmenio, trabajando como periodista, tenía acceso a la milicia, y con su inteligencia y facilidad para conectarse con la gente, lograba entrar a las residencias militares y llevar los videos a la guerrilla, pero ni él, ni Vera, ni la comandante María admiten que esto sea cierto.

Cuando María esperaba su tercer hijo, necesitó abandonar el frente y el país. A los siete meses de embarazo salió caminando del norte de El Salvador al centro de Honduras con la intención de llegar a México. Era una operación peligrosa porque tenía un rango importante y era una de las guerrilleras conocidas por los militares: podía ser detenida en cualquier momento. En Tegucigalpa, Epigmenio la recogió y la trajo en su auto a México. Una semana después ella partió a Nicaragua a dar a luz.

No era la primera vez que Epigmenio la ayudaba. En otra ocasión María venía de un viaje por Europa a donde había ido a buscar apoyo económico. Para ir de México a El Salvador tenía que cambiar su apariencia y personalidad. En la Ciudad de México, la primera esposa de Epigmenio la llevó a un salón de belleza donde le aclararon el pelo, se lo enchinaron, le sacaron las cejas para cambiarle la expresión, después ella le enseñó a maquillarse y a vestirse de otra manera. Con esa nueva imagen apareció en el pasaporte falso con el que ingresó de nuevo a El Salvador y volvió al frente.


***


Durante la guerra, Epigmenio conoció a dos personas que serían fundamentales cuando ésta terminó. En una visita a México, separado de su primera esposa, vio en la televisión a la conductora de un noticiero de Imevisión, una trigueña de entonces no más de 30 años, hermosa, divorciada y con dos hijos llamada Verónica Velasco. Según Verónica, Epigmenio fue a la televisora y le pidió a uno de los directivos que se la presentara. “¿Ahora qué hice?”, pensó cuando la mandó llamar su jefe a su oficina, donde le presentó a Epigmenio. Él tenía una vida en El Salvador y como todo el que va a una guerra sabía que podía morir. Durante varios años envío cartas a Verónica desde allá. “Sí, me dijo algunas veces que quería todo conmigo, yo sabía que tenía una vida por allá, le dije: ‘Cuando termine la guerra hablamos, cuando te vengas para acá hablamos’”, cuenta Verónica 17 años, una hija, varias telenovelas y películas después. Se casaron en 1993, el día de su cumpleaños, sin haber tenido un noviazgo, cuando él le propuso matrimonio en una caseta de carretera. “Sabía que tenía segundos para decir sí o no, y dije sí”.

Al otro personaje lo conoció en un frente de batalla en El Salvador. Era un venezolano que había pasado por El Salvador de camino a Nicaragua y nunca se fue, se unió a la guerrilla, primero como parte de la inteligencia, después en Radio Venceremos y al final en el equipo de negociación. Cuando la guerra terminó y se firmó la paz en Chapultepec, Hernán Vera se quedó en México. Entre Epigmenio y él tenían nada o 100 dólares, según sus distintas versiones. Compartían un departamento pequeño del hermano de Epigmenio cerca de la Diana Cazadora, y comían todos los días en casa de la mamá.

Sin guerra, se les había acabado el trabajo y entre las cosas que consiguieron fue un reportaje para Multivisión que los llevó a París. Estaban allá cuando empezaron los ataques a Sarajevo y Epigmenio, que según Vera “es el peor compañero de viaje, porque no sale del hotel, se la pasa trabajando”, viendo el noticiero dijo: “¿Cómo que no se puede entrar? Nos vamos a Sarajevo. Haz la maleta cabrón, que nos vamos”.

Con la tarjeta American Express del hermano de Epigmenio y una cámara alquilada se fueron a Belgrado, se hospedaron en el Hyatt —el hotel más lujoso en que Vera dice haber estado en su vida—, alquilaron una máquina de escribir y vendieron reportajes a Multivisión y La Jornada. Cuando regresaron a México debían hasta el alma. El día que fueron a cobrar a La Jornada los pasaron con el director Carlos Payán, que había seguido las crónicas de Epigmenio y de Vera. Hicieron clic enseguida. “Es una de las cosas más especiales que me han pasado en México”, dice Vera. Payán los invitó ese fin de semana a Oaxaca a visitar al pintor Francisco Toledo en su casa-jardín. “Como ya vi que son buenos para la guerra, vamos a ver si son buenos para la paz. Tráiganse una cámara”, les dijo Payán.

Ahí, en el jardín de nopales de Toledo, nació Argos, con la idea entonces vanguardista de que los medios electrónicos e impresos se consolidaran.


***


Epigmenio es un hombre que siempre sorprende. Después de la entrevista a Toledo, vinieron otras del programa Visitaciones, en el que él o Payán entrevistaban a personajes de la cultura y la política como Rigoberta Menchú, Gabriel García Márquez o Eduardo Galeano, casi siempre convencidos por Payán, que se volvió el gran facilitador. Cuando el escritor Carlos Monsiváis aceptó la entrevista en el barrio de La Merced, Epigmenio lo sorprendió con la primera frase. “Ésta es una entrevista de tres respuestas sin preguntas. ¿Cuál es su primera respuesta?”.

Otro de los trabajos de Argos fue la campaña de anuncios de televisión de Telmex en la que la compañía telefónica mostraba cómo había llevado el teléfono a las comunidades más recónditas. Con eso Slim, gran amigo de Payán, se legitimaba como dueño del monopolio telefónico que había comprado al gobierno en medio de grandes críticas.

Durante una de esas grabaciones en un pueblo en Chiapas, personas del lugar dijeron que los conocían, que habían visto sus documentales sobre las guerras centroamericanas. “Nosotros también tenemos nuestras cositas”, advirtieron a Epigmenio. En diciembre de 1993 recibieron un aviso: algo pasaría en Chiapas.

Epigmenio se fue a California y Vera a Venezuela para ver a su familia. Philippe de Saint Phalle, un francés que había estado en la guerra y que llegó a Argos por su amistad con Vera, iba a Chiapas a pasar las fiestas decembrinas, le dieron una cámara y le dijeron: “Todo mundo tiene hijos, vete tú”. No lo creían a ciencia cierta, pero algo iba a pasar.

El 31 de diciembre de 1993, en medio de la oscuridad, los zapatistas entraron marchando al ritmo militar de “uno, dos, tres” al centro de San Cristóbal de las Casas. Phillipe de Saint Phalle estaba ahí celebrando el Año Nuevo con su hermana. Temió que hubiera un enfrentamiento serio y se fueron del lugar para volver en la mañana. Era mediodía del primer día de 1994. Había turistas y la plaza llena de zapatistas descansando en la alcaldía. Vio a un grupo de gente aglutinarse alrededor de un hombre. “Visiblemente era el dueño del changarrito”, me dice De Saint Phalle. Cuando se acercó con su cámara vio al encapuchado. El subcomandante Marcos le preguntó quién era y De Saint Phalle le mostró una credencial de TV Azteca.

“¿Para qué te voy a contestar si eso nunca lo van a pasar?”, le dijo Marcos. Era la provocación perfecta para publicitar las primeras imágenes del subcomandante.

Epigmenio llegó a Chiapas inmediatamente después y un mes más tarde, después de largas negociaciones y alguna conversación telefónica con Marcos, él, y De Saint Phalle como su camarógrafo, junto con periodistas de La Jornada, viajaron una noche escoltados, con los ojos vendados, a un lugar remoto del norte de Chiapas a ver a Marcos para esa entrevista que Salinas Pliego no quiso sacar al aire y que finalmente salió en cable por MVS. Me asegura que nunca antes había visto a Marcos y que su relación era solamente de periodista-entrevistado. “Nunca lo vi sin máscara, siempre mantuvimos las formas y además exacerbadas, porque yo le dije: ‘Yo le pido que tengan todavía más cuidado conmigo porque conozco el terreno, reconozco zonas (de la selva)’”, me contó en una entrevista en los estudios de Argos. “Llegué (a la selva a ver a Marcos) como cualquier periodista que llega a hacer una entrevista clandestina”.

Durante un año Argos se dedicó a documentar el conflicto y a hacer el documental Un viaje al centro de la selva, con el que viajaron por todo el país. Epigmenio se ganó la confianza de los zapatistas y estableció una relación en el límite que, de ciertos ángulos, parecía una suerte de alianza. “Les dimos apoyo, pero nunca tuve ni el coraje, ni el valor, ni el honor (de ser parte)”, dice. Los zapatistas, junto con la Presidencia de la República, designaron secretamente a él y a Payán intermediarios del conflicto.

La relación terminó cuando a él y al periodista Javier Elorriaga los detuvo el ejército saliendo del monte: los tomaron presos acusados de ser parte del ezln. Epigmenio quedó libre unas horas después y Elorriaga pasó 18 meses en prisión con su esposa conocida como la comandante Elisa, que trabajaba como guionista de Argos.

De Saint Phalle cuenta que también Elorriaga trabajaba en Argos. El día del arresto de Elisa, De Saint Phalle llegó a Argos y le dijeron que se fuera. Salió del país por temor a ser aprehendido y por su condición de extranjero. “Estuve tres o cuatro meses (en Francia), hablaba a México y me decían que no regresara”, cuenta el camarógrafo.

En alguna entrevista Marcos tachó a Epigmenio de traidor, de haber sido auxiliar del gobierno, y no volvieron a tener contacto. “Tengo severas diferencias (con Marcos)... pero tengo que reconocer que esos hombres cambiaron al país, paradojicamente cambiaron al país y se quedaron sin un lugar para ellos, eso es lo triste”.

En cambio, Epigmenio fue encontrando su lugar en las telenovelas.


***


En la oficina de Epigmenio hay un grabado de Gironella y cinco fotografías de Verónica Velasco con sus enormes ojos negros y esa sonrisa que parece que siempre está diciendo: “Se vale soñar”, el programa producido por Epigmenio y conducido por Verónica en el que reunían a parientes perdidos y cumplían los sueños de los invitados.

La entrada de Verónica a la vida de Epigmenio lo hizo echar raíces, y de alguna forma dejar de ser el nómada que era.

Verónica tiene 46 años con apariencia de 35 e hijos que pasarían por sus hermanos. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la unam, se casó a los 17 años y tuvo su primer hijo a los 19. Cuando Epigmenio la conocío ya era una madre soltera con dos trabajos y había sido una de las primeras mujeres periodistas en cubrir la nota roja. Él, en cambio, que también tenía dos hijas y era divorciado, no tenía el arraigo de ella. “No tenía acta de nacimiento, con eso te digo todo. Yo le fui a sacar su acta aquí en México, para ya decirle, oye, aterriza, de veras”, me dice Verónica en una sala de Casa Azul, la escuela de actuación que abrieron hace unos años.

La guerra lo había marcado, aunque su esposa cuenta que desde niño había tenido un asunto con la muerte. “De chiquito decía: ‘¿Por qué no nos vamos muriendo todos?’. Siempre fue como un espíritu un poco trágico, ¿no?”. Epigmenio había vivido la muerte de su padre muy joven. El segundo de siete hijos de una familia de clase media que vivía en Polanco, Epigmenio pasaba su vida con sus primos en la Condesa. Estudió en escuelas católicas de las que dice tener nefasta memoria y ningún amigo de esa época. Su padre, que se dedicaba a la computación, murió a los 42 años y Epigmenio tuvo que empezar a trabajar vendiendo tornillos mientras estudiaba Filosofía en la unam. Dejó la escuela al tercer año.

Aquella entrevista con Omar Torrijos fue su primera aproximación a los conflictos centroamericanos, y las lecturas de Gregorio Selser terminaron por interesarlo. Eran los tiempos de Eduardo Galeano, de los golpes de Estado en Chile y Uruguay, del sandinismo, y Epigmenio como un miembro de su generación formó con un grupo de amigos el Colectivo John Reed, que se dedicaba a la solidaridad audiovisual, la misma que lo llevó a El Salvador con la estética de la miseria.

Cuando se casó con Verónica la vida de Epigmenio cambió por completo. De pronto tenía una casa y cinco hijos —los dos de ella, las dos de él, que se fueron a vivir con ellos al poco tiempo de casados, y Camila, la hija de ambos—. Por un buen tiempo ella era la que tenía un trabajo, un ingreso fijo y hasta el coche familiar, un Volkswagen.

Verónica parecería ser el polo opuesto a Epigmenio. Él, que le lleva 10 años, pasa por un hombre austero y casi seco en su trato, lleva camisa y pantalón de vestir —nunca corbata— y no puede ocultar su inteligencia. Ella que parece extremadamente femenina, siempre sonriente, lo llama Epi. En realidad, la pantalla de televisión le hace poca justicia y ella es igualmente inteligente y ha sido la creadora de varios de sus programas.


***


En la guerra, Epigmenio se hizo un experto en la cámara de video. El peligro al filmar combates lo enseñó a encontrar mañas para mantenerse a salvo, “en medio de un combate la cámara no la llevas en el hombro, la llevas abajo, y da la sensación de un dolly”. Lejos de la guerra desarrolló el concepto de la cámara orgánica, una forma de ver a la cámara como una extensión del cuerpo: cuando el reportero dice: “permítame profundizar”, la cámara le hacia zoom in al entrevistado, y cuando dice: “quisiera ver más a fondo”, da la vuelta. Esa cámara orgánica fue la que le dio a sus producciones un toque distintivo desde el inicio.

Un tiempo después de aquel pleito por la entrevista con Marcos, hace las paces con Salinas Pliego e inician el programa Expediente 13:22:30, una serie de programas unitarios policiacos, idea de Verónica, que también era la conductora. La cámara volaba por el techo en un foro con cuatro paredes que no se habían visto antes en México. Fue el primer programa de TV Azteca que alcanza más de dos dígitos de rating.

Un día invitaron a desayunar al set a Salinas Pliego y le propusieron una serie policiaca, pero 52 capítulos no le servían a la televisora para subir sus ratings, y Salinas Pliego les propuso hacer una telenovela con la misma idea policiaca. Les dio siete millones de pesos a unos productores y guionistas que nunca habían hecho una telenovela.

Vera era amigo de la productora venezolana María Auxiliadora Barrios —también militante en la izquierda venezolana—, que casualmente lo llamó para pedirle copias del documental zapatista. “Me dijo: ‘Epigmenio y yo decimos que hagas maletas y te vengas’. Cuando llegué a México escribían (el guión) con periodistas de La Jornada”, me cuenta entre risas por teléfono desde Caracas. Epigmenio, Vera, Payán, y de alguna manera Verónica, habían pensado la historia como un thriller en el que el personaje central era un corresponsal de guerra, pero lo primero que dijo María Auxiliadora cuando la vio fue: “A ustedes les da vergüenza el amor, uno cuando está enamorado es ridículo, esto no es una telenovela. Están incapacitados afectivamente”. Y les propuso traer al escritor venezolano José Ignacio Cabrujas a que les diera un taller y les enseñara el ABC de las telenovelas. Cabrujas suspendió el taller y les dijo: “Ustedes no lo saben, pero están destinados a derrotar a Televisa y yo esa pelea no me la pierdo”.

Poco a poco se fueron integrando gente como el director de cine Antonio Serrano, el escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka, la productora ejecutiva Maika Bernard, pero faltaban actores que había que robarse de Televisa. “Epigmenio y Hernán son grandes seductores”, cuenta María Auxiliadora. Convencieron a Demián Bichir, a Rogelio Guerra, a Ana Colchero, trajeron a Lupita Ferrer y convirtieron al editor de video de Vera, José Ángel Llamas, en el protagonista.

De pronto, en las discusiones de los capítulos participaban un judicial, chofer de Payán que le dio el nombre al personaje Águila Real, o Carlos Monsiváis o Gabriel García Márquez. La intelectualidad mexicana, que siempre despreció el género telenovelero porque dibujaba un mundo inexistente, una sociedad rubia y bella que no dice malas palabras y personajes de fantasía sin la menor complejidad, de pronto se involucraba en Nada personal. “Violentamos el decálogo de las telenovelas, el libreto, los actores fumaban y bebían, tenían otra forma de hablar. Éramos realmente felices. Sufríamos, pero como se sufre cuando estás enamorado en medio de la pasión”, me dice María Auxiliadora con la nostalgia de quien recuerda su adolescencia o su juventud. La telenovela fue un éxito a pesar de que la protagonista salió muy cerca del final por un enredo amoroso con un camarógrafo y un berrinche al que Argos no accedió.

Nada personal fue en realidad el preámbulo del éxito de Mirada de mujer, la historia de una señora de 50 años, de clase alta sin la silueta de la protagonista de una telenovela, enamorada de un hombre joven y donde se tratan temas de género, de clase, de raza, de edad. Una historia llena de monólogos filmada en cuatro paredes con grandes pausas, y de la que ahora Epigmenio casi se averguenza. “Perdía el sentido del ritmo. Era una suma de todo. Aspiración, pretensión, otro poquito de ignorancia y otro poquito de éxito que te permitía hacer cualquier cosa”, dice. Ciertamente, Mirada de mujer fue un éxito rotundo que hizo a mucha gente prender el televisor para ver una telenovela sin verguenza. El diario The New York Times la llamó una telenovela que “rompió tabúes”.

Mirada de mujer tuvo una segunda parte —La vida en el espejo— y luego vinieron otras telenovelas para TV Azteca, algunas exitosas, otras no tanto. Argos empezó a crecer e incursionó en la entonces novedosa televisión por internet con zoom.tv. El portal produjo el primer reality show, varias fiestas de lanzamiento, ganó un premio ADZebra y cerró al día siguiente con la caída de los puntocom y la imposibilidad de vender publicidad. Al mismo tiempo que esto pasaba Argos rompía su relación con TV Azteca porque no les daba participación en los derechos ni en las ventas internacionales. Cuando estaban a punto de la quiebra, Telemundo les ofreció hacer un paquete de telenovelas, y se fueron con ellos.

Algunas funcionaron, otras fueron un rotundo fracaso entre el público latino de Estados Unidos. “Creíamos que los conocíamos, pero no, es más complejo y tiene otras necesidades”, dice María Auxiliadora. Mientras en Los Ángeles los ratings eran altísimos entre la comunidad mexicana, en Miami no lograban llegarle al público colombiano. La primera telenovela Cara o cruz fue un rotundo fracaso y tuvo que ser cancelada. “La dificultad con Cara o cruz, vinculada a otros errores míos en la administración, a una cierta megalomanía, nos llevó a rentar una casa en Masaryk, a crecer demasiado, y eso condujo a problemas, la pasamos bien duro, pero recuperamos el paso”, acepta Epigmenio.

Otras telenovelas como Daniela fueron un éxito comercial, pero no cumplieron con las expectativas que el público tiene de Argos. El diario Sun Sentinel de Forth Lauderdale, la llamó “una historia juvenil, con el cliché de Cenicienta que además de todo, es un refrito”. El mismo Epigmenio le dijo a ese diario: “Teníamos que hacer una telenovela así, porque la gente está cansada de la realidad”.

En realidad ninguna telenovela ha igualado el éxito de Mirada de mujer. Argos dejó Telemundo y volvió a hacer las paces con TV Azteca, con éxitos y fracasos. Pero las telenovelas hace tiempo que dejaron de ser el plato principal de la compañía productora. Hace unos años que ingresaron al cine, a hacer programas infantiles para Disney y Discovery Channel, a realizar varias horas diarias de televisión para ESPN en español y series de televisión como Capadocia, para HBO, con otra idea original de Verónica. “Siento que hay un cambio en la textura, en la ideología, que es un país más conservador. Antes nuestras novelas fueron acompañamiento, síntoma, detonador de cambio y nosotros acómpañabamos esa euforia. Y hoy la gente está un poco hasta la madre porque democracia que no prueba resultados

es democracia que no es eficiente y hay una peligrosa posibilidad que nos lleve a la derecha”, dice, y me hace recordar que aún en su papel de productor, y en las oficinas de su estudio, Epigmenio es un hombre eminentemente político, el mismo que sigue acudiendo los domingos a las manifestaciones de López Obrador.


***


Los estudios de Argos están en una zona casi industrial de Tlalnepantla. El día que voy a visitarlos, Epigmenio me da un recorrido por el estudio donde graban ESPN y mandan la señal a Bristol, Connecticut, por donde se filman algunas de las telenovelas, por la videoteca donde están todos sus videos —desde El Salvador hasta la telenovela Vivir sin ti—. Cuando pasamos por el comedor me cuenta que hay personas que eran guardias de seguridad en los inicios de Argos y ahora son sonidistas o camarógrafos.

No todos los que estuvieron en esa época siguen con él. De Saint Phalle se fue porque no le gustaban las telenovelas; María Auxiliadora se separó hace un par de años para hacer otros proyectos, recientemente produjo la serie que compitió con Capadocia, Mujeres asesinas, y Vera, que era socio de una tercera parte de Argos —con Payán y Epigmenio— vendió sus acciones hace cinco años a Grupo Carso, de Carlos Slim.

Epigmenio ha dicho que Carso es socio sólo a través de fondos de inversión y que a cambio se encarga de la administración de Argos. No es secreto que Epigmenio no es un gran administrador y que eso los ha puesto en peligro varias veces. Sus éxitos en taquilla o en rating no son necesariamente triunfos económicos —se dice que con Capadocia se pasaron varios millones de dólares de presupuesto y aunque la segunda temporada se tendría que haber grabado el año pasado, esto no ha sucedido. HBO asegura que habrá segunda temporada, pero no da fechas.

Parece complicado entender las alianzas de Slim y Salinas Pliego, los dos hombres más ricos de México, dueños de monopolios o duopolios, con un hombre que hizo un documental del intento de desafuero de Andrés Manuel López Obrador y lo subió a un satélite para que lo tomara cualquier televisora del mundo, que tiene un agravio encima por las elecciones de 2006 y que atribuye el resultado a “un fraude de nuevo tipo por la ingerencia de los medios en la elección”, un hombre que en cualquier conversación termina hablando de política y que no tiene empacho en decir “yo vengo de la izquierda, una izquierda muy radical además, yo vengo de una guerra de guerrillas, donde de lo que se trata es de romper fórmulas”.

Le pregunto entonces por qué un hombre que viene de donde él viene, se asocia con Slim y trabaja para las grandes televisoras —TV Azteca, HBO, Telemundo, ESPN—. Se justifica, y me explica: “Pero hicimos Zapata para los gringos, o Gitanas, que era una telenovela cuyo subtexto era la tolerancia a los grupos marginales, y se puede. Yo aprendí de Mario Zapata, un viejo periodista español, que cualquier espacio, el que hubiera, hay que aprovecharlo. Si queremos decir, díselo a millones, yo no quiero nada con el cine marginal, no me interesa hacer una película que vean dos personas”. Y entonces entiendo lo que me había dicho sólo unos minutos antes: “Yo sigo pensando que hay que operar como San Ignacio de Loyola, hay que entrar con la de ellos para salir con la nuestra”.\\
  • Páginas
  • 1
Noticias Gatopardo
27/04/09

La Silla Vacía

www.lasillavacia.com es la nueva propuesta editorial online de la periodista Juanita León. Desde esta página se observarán, día a día, los movimientos del poder en Colombia.
09/10/08

Premio CANIEM 2008

La Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, premió a la revista Gatopardo en la categoría de Mejor Revista de Interés General.
DF 07/10/08

Premio Fernando Benítez 2008

El reportaje El infierno no acaba en Ixtepec de Carlos y Óscar Martínez publicado en la edición de mayo de Gatopardo recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez entregado en la Feria Internacional del Libro 2008.
 
  • gatopardo
  • virtuoso
  • 100 fines de semana